Formaldehído, un compuesto muy utilizado que daña la salud

En los hogares están presentes diferentes sustancias químicas que pueden afectar la salud: un ejemplo es el formaldehído. Para hablar de vivienda sana, una condición es que no se utilice en la obra. La arquitecta Sandra Amerise*, representante del departamento de Sustentabilidad del Grupo Unicer, explica cómo hacer para reemplazarlo.

Es tóxico, con propiedades aislantes y de resistencia: estas características tiene el formaledhído, que es utilizado para la construcción a pesar de ser nocivo para la salud. Se trata de un compuesto químico, más específicamente un aldehído, altamente volátil e inflamable. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer lo clasificó  en el grupo 1 para humanos: podría generar cáncer nasofaríngeo. Las afecciones generales varían según la persona, el tiempo de exposición, la sensibilidad y la concentración que exista. A partir de 0,1 partes por millón (ppm), este químico puede provocar resfriado, gripe, alergia (irritaciones, quemazón, opresión en el pecho) como dolores de cabeza y bronquitis. En 30 ppm, puede llegar a ser mortal. La Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que los niveles de formaldehído no pueden ser superiores a 0,05 ppm.

 

Estos elementos tóxicos se encuentran en cosméticos, productos de higiene y limpieza, textiles y muebles. Sin embargo, es posible reemplazarlos por otros que no afecten a la salud. Así lo indicó la arquitecta Sandra Amerise, quien trabaja en la construcción de viviendas sanas: “Son objetos que fácilmente se pueden renovar por otros más saludables que no sean tóxicos, salvo cuando se encuentran en los materiales de construcción de las viviendas, que resulta un poco más complicado de tratar”.

 

 

Según la arquitecta, por norma general, las viviendas no contienen tanto formaldehído para que afecte a la salud, pero siempre es mejor prevenir lo máximo posible este compuesto, porque existen excepciones. “Las personas notablemente sensibles pueden presentar algunos problemas en tiempos prolongados de exposición”, destacó.

 

Construir una casa libre de formaldehído es posible, ya que existen alternativas sostenibles para compactar paneles y la fibra de vidrio que reemplaza la urea de formaldehído. Entre ellas, existen el fenol formaldehido, que sólo tiene una pequeña cantidad; resinas acrílicas y aglutinantes que no contienen el químico; láminas de madera que compactan la madera con resina y otros elementos naturales como la fibra de cáñamo e incluso las semillas de girasol.

 

“Lo importante para tener una vivienda sana es emplear materiales naturales y ecológicos tanto en la construcción como en el interior de la vivienda, utilizar pinturas naturales, seleccionar aislantes térmicos naturales, comprar textiles naturales o de lana y optar por muebles sostenibles o de madera maciza”, explicó Amerise.

 

Otro punto para suavizar el efecto del formaldehido es tener plantas.  Según el estudio NASA Clean Air Study, realizado por la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA), las plantas tienen muchos beneficios en los hogares, entre ellos, limpiar el aire de la vivienda. Se pueden utilizar la lengua de tigre, la flor de la paz o palma de bambú, entre otras.

 

Las mayores emisiones producidas por el formaldehido tienen lugar cuando el elemento es nuevo. Por esa razón, la arquitecta aconsejó: “Las prendas y otros elementos textiles se pueden lavar y aclarar para disminuir los efectos de esta sustancia. En los lavados en seco, también se suele usar formaldehído como disolvente, por eso, la ropa tiene que ser ventilada unos días después de llevarla a la tintorería. En cuanto a los muebles recién comprados, es mejor mantenerlos en una estancia sin habitar durante un tiempo para que se aireen”. Además, advirtió que la combustión de las calderas de gas y de leña también emite este compuesto y que, por ende, es imprescindible utilizar un sistema de ventilación para deshacerse de esas emisiones.

 

Sin embargo, lo ideal para construir una vivienda sana es llevar a cabo  sistemas constructivos que nos aseguran una buena aislación térmica en su envolvente, sin aislantes en el interior de las paredes que puedan descomponerse y desprender partículas que llegan a nuestros pulmones. Si el material de aislamiento no es natural, las partículas serán tóxicas para nuestro organismo. En ese sentido, la construcción con ladrillos cerámicos cumple esas características: no generan ni agravan ninguna enfermedad; aseguran la temperatura interior, la humedad relativa y las condiciones acústicas. No hay emisiones de contaminantes de origen físico, químico ni biológico. Las instalaciones, por estar embutidas, no emiten contaminación electromagnética en ningún caso. Además, los ladrillos cerámicos no son atacados por roedores, no pierden su durabilidad con el tiempo, ni cambian de color con los rayos UV.

 

“El formaldehido es un componente químico perjudicial para la salud. No obstante, se ha descubierto que existen diferentes formas de evitarlo y así poder construir una vivienda sana y convertir el hogar en un espacio más saludable”, concluyó Amerise.

 

* Arq. Sandra Amerise, asesora en Sustentabilidad del Grupo UNICER. Arquitecta (UBA) y máster en Economía Urbana (Universidad Torcuato Di Tella). Presidente del Centro de Investigación y Desarrollo Institucional (CIDI) y docente de Arquitectura Sustentable en la UBA. Fue asesora de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires en diferentes proyectos, en los que se destaca la actual Ley de Terrazas Verdes.

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